
Mi primer contacto con el monstruo sin nombre (Frankenstein es el apellido de su creador) fue a los 8 años. Temblaba frente a la pequeña pantalla análoga de perilla, observando unas imágenes en blanco y negro de 1931, ya manidas con el tiempo, un torpe Boris Karloff caminaba hacia una inocente niña, y con flor de por medio, daba rienda suelta a sus más bajos instintos (por supuesto que en esa época, todo quedaba en la imaginación del espectador). Ha corrido mucha agua bajo el puente y me ha tocado ver desde la gran comedia de Mel Brooks, El Joven Frankenstein, hasta la adaptación canina de Tim Burton llamada Frankenweenie, todas con la misma premisa: un joven científico medio desquiciado intenta ser Dios y trae vida corrupta, carne podrida y despojos sin alma a nuestro mundo.
El ya laureado director mexicano Guillermo del Toro goza de las mieles de la fama y se podría decir que hoy en día, puede hacer lo que le dé la gana en Hollywood. Una prueba de eso es su versión de la novela de Mary Shelley, narrada bajo su genial óptica e interpretada con una lupa muy especial. No es un secreto que al director le apasionan los monstruos clásicos como los de Universal: El Monstruo de la Laguna negra (a quien le hizo un homenaje en La Forma del Agua), El Hombre Lobo y algunos más (incluso la decoración de su casa es inspirada en ellos). Aclarada la fascinación del artista por el tema, vamos a analizar lo bueno y lo malo de una superproducción que desde ya, se perfila como firme candidata a los Premios de la Academia.
En algunos pasajes de la historia, Del Toro fue muy fiel al libro pero en otros le dio rienda suelta a su imaginación, alejándose de la idea original. El vestuario, la decoración de sets y la fotografía son sobresalientes, realmente admirables y sin duda, son lo mejor del metraje. Después viene el elenco, siento que el personaje de Christoph Waltz (Inglorius Basterds, Django Desencadenado) fue forzado, ya que no existía en la obra original, Mia Goth (Suspiria, Pearl, Maxxxine) se ve imponente y se ha convertido por lejos en la reina actual de las películas de terror, Oscar Isaac (Ex-Machina, Duna, Star Wars) cumple en su papel del científico protagonista, le da frescura y sobriedad a sus líneas. Un punto aparte es Jacob Elordi (Priscilla, Euphoria, El Stand de los besos), actor de 1,96 metros que interpreta a la criatura y que no llena las expectativas, quizá porque siempre ha sido considerado galán y el maquillaje que le aplicaron deja ver casi por completo su verdadera cara, por lo que el monstruo, lejos de asustar, enamora.
Además de una secuencia con lobos y venados CGI que no fue bien lograda, la cinta es una verdadera joya visual que, seguramente, la propia Sheley aprobaría sin chistar. La taquilla ha colocado aDel Toro la etiqueta deRey Midas del misterio. El titulo original de la obra literaria se llama Frankenstein o el nuevo Prometeo, una clara alusión al personaje de la tragedia griega que se mete con los dioses y paga muy caro su atrevimiento. La película promete, pero solo el tiempo dirá si su consagración será total o solo quedará como una promesa desperdiciada con el viento. Será Netflix la que se encargue de distribuirla globalmente y será el destino el que se encargue de llevarla a clásico moderno o a que sus entrañas sean devoradas por el olvido.











