Fanatismo descontrolado

Fanatismo descontrolado

Hace rato que el cine de terror español dejó de ser una simple expectativa. Títulos como Rec, El Orfanato, El día de la bestia, El Hoyo, entre muchas otras, colocaron ya al cine ibérico entre los mejores de este género. Guiones originales que se convirtieron rápidamente en clásicos modernos por su brutalidad, crudeza y desparpajo, apoyados en grandes actuaciones, dirigidas de forma magistral.

Tin y Tina plantea varias interrogantes y deja las respuestas para el espectador, mantiene los nervios de punta y hace que se desgasten los filos de los asientos; como buena producción hispana o latina, prescinde de los efectos especiales (más por presupuesto que por romanticismo) para darle rienda suelta a la creatividad, jugando con otros elementos que también hielan la sangre. Esta es una historia muy terrenal: no hay fantasmas, ni monstruos deformes, ni grandes catástrofes, ni exorcismos demoníacos. Para dar miedo, el director Rubin Stein solo necesitó dos angelicales niños, unos desprevenidos padres y algo que siempre dará miedo a los que pueden ver un poquito más allá de sus narices: la religión.

Descubrí este film (basado en un corto de 2013 hecho por el mismo director) a través de mi hija, ella estaba reproduciendo un video en Tik Tok y sonaba Súper Disco Chino, de Enrique y Ana, una de mis canciones favoritas de la infancia. Al acercarme, no vi al simpático dúo ochentero sino unas extrañas imágenes de la película en cuestión que me engancharon de inmediato. Pronto pasé por Netflix con algunas expectativas y vaya que se cumplieron.

El argumento es bastante sencillo: una pareja que no puede tener hijos decide adoptar a un par de mellizos albinos abandonados en un convento. Al principio, todo parece normal y la felicidad aparenta invadir el hogar pero poco a poco, los niños van mostrando un fanatismo religioso que los lleva a límites insospechados. Al final, los padres tendrán que decidir entre su vida o la de sus nuevos hijos.

Las actuaciones sobrias y convincentes de Milena Smith (Madres Paralelas) y Jaime Lorente (La Casa de Papel) no dejan dudas al momento de calificarlos positivamente pero las verdaderas estrellas son los 2 niños escogidos para el papel de los diabólicos hermanos (Anastasia Russo y Carlos Gonzalez Morollón), quienes pasan de la dulzura angelical a la maldad histérica y brutal.

Claro que las películas de terror y suspenso pueden dejar grandes enseñanzas, pero el mensaje de este film es contundente y categórico: las religiones son inventadas por el hombre y por eso, son falibles. El extremo y el fanatismo solo conducen al aislamiento, la violencia y la sinrazón, e inclusive a peores lugares, como la cárcel, el hospital o la fría tumba.

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