
Si hay un director que hace películas serias, ese es Paul Thomas Anderson (The Master, Magnolia, Boogie Nights, Petróleo Sangriento). No es muy prolífico (apenas ha hecho 10 películas en toda su carrera) pero cuando saca algún título, puedes estar seguro que será nominado a la mayoría de premios. Ha estado nominado 8 veces al Oscar pero nunca ha ganado, se asegura siempre de escribir sus propios guiones y ha trabajado con los más grandes intérpretes de Hollywood y el mundo. Su sobriedad al escribir y dirigir lo han llevado a conseguir un estilo propio, elegante, magnánimo y riguroso. Su metodología es sencilla: contar historias crudas, directas y con mensaje, que cruzan como daga las almas de sus espectadores.
En esta ocasión nos trae una historia política, que muestra la eterna lucha entre izquierda y derecha, republicanos y demócratas, comunismo e imperialismo, en fin, todo lo que se pueda oponer, con o sin sentido, para lograr que la humanidad se enfrente sin razón, por ideas ajenas, para el beneficio de unos pocos. Una Batalla tras otra muestra a Leonardo DiCaprio y Teyana Taylor como una pareja guerrillera, apasionados por sus convicciones, que viven al filo de la navaja y son perseguidos por todas las fuerzas del orden. En estas duras circunstancias nace su única hija Wila, pero ella es una mujer libre, que no soporta las ataduras de la maternidad y decide huir para siempre. La trama se complica con la llegada del desquiciado Coronel Lockjaw (Sean Penn) y la posibilidad de que él sea el verdadero padre de la niña. Después de 16 años, los 2 posibles padres se enfrentarán en una persecución despiadada en busca de la verdad.
La historia está basada en la novela Vineland del escritor estadounidense Thomas Pynchon y reúne un elenco de lujo, que incluye a Benicio del Toro y Regina Hall. Aquí se ponen en juego algunas características del quehacer norteamericano: la inmigración, el racismo, la violencia y la intolerancia son abordados con valentía por el director, a propósito del tormentoso gobierno de Donald Trump, con varios frentes militares en el mundo que no son de su incumbencia. Ya se escuchan varias voces asegurando la presencia de esta película en los Premios de la Academia, nada descabellado, tomando en cuenta los antecedentes del también guionista y productor. Quizá el tiempo le juegue en contra, ya que la temporada de premios aún está lejana y la memoria del espectador es muy débil.
DiCaprio siempre cumple a cabalidad sus papeles, poniéndole un sello propio que incluye cierto sarcasmo en las más serias escenas, con una calidad histriónica pasmosa, aplomada con los años. Pero es la poderosa actuación de Teyana Taylor (Coming 2 America) la que se lleva toda la atención como una valiente y rebelde terrorista que está dispuesta a renunciar a todo lo que ama por sus ideales, hasta el nombre de su personaje tiene consistencia: Perfidia Bevery Hills. El estreno al que Warner le apuesta todo es un viaje por la resistencia, por la vida en todas sus facetas, por las injusticias que hacen más interesante la existencia, pero a la vez la hace insufrible, inspiración de tantas canciones, libros y películas. El dolor duele, pero también sana.











