Dos Tumbas: Sepultando al aburrimiento

Explorar el catálogo de Netflix puede ser una tarea agobiante y estéril, pero de vez en cuando, se encuentran verdaderas joyas como esta miniserie de 3 capítulos que fácilmente puede estar entre mis Top 5 del 2025. Para los amantes de los thrillers/casos policiales, Dos Tumbas es realmente un «bocatto di cardinale«, una perita en dulce para saborearla lentamente o maratonearla con ímpetu lascivo. No importa la forma, estamos ante un producto de óptima calidad, basado en un guion robusto, lógico, impredecible y creativo. Y es precisamente, lo que pocas producciones hacen: empezar a cubrirse con un buen guion, para después redondear el acierto con una gran producción y grandes actuaciones. Esta no es solo una historia de venganza y obsesión, es una cátedra de cómo construir una historia memorable.

Comencemos con el argumento que parece sencillo pero está hecho de intrincados recovecos que sacuden el alma y el intelecto: la abuela Isabel busca desesperadamente a su nieta Verónica, que desapareció junto a una amiga en una noche de juerga de un pueblo español. Al poco tiempo, la amiga aparece muerta en el mar pero Verónica sigue desaparecida. Mientras la abuela sigue escarbando más en la pequeña sociedad de Málaga y se va alejando de la legalidad, el padre mafioso de la chica fallecida se vuelve su socio, desencadenando juntos una estela de sangre, venganza y rabia que solo la podrá detener el diablo. Aunque algunas críticas (sobre todo españolas) colocan a esta producción en el borde de la mediocridad, se impone su capacidad para mantener al espectador en vilo (el primer capítulo lo tiene todo y engancha desde el primer segundo).

Es verdad que el argumento de jovencitas desaparecidas está bastante manido en las plataformas, pero esta producción tiene detalles muy novedosos: una intrépida e inusual abuela protagonista, plot twists de locos y la naturalidad de su elenco, lo que nos hace pensar que podría pasarnos a cualquiera de nosotros. Solo hay una escena reprochable, cuando Isabel llega, cuchillo en mano, a un pequeño barco, con la intención de interrogar a un sospechoso liberado. Pero, ¿quién no ha tomado malas decisiones en aras de sorprender? El director Kike Maíllo (Disco, Ibiza, Locomía) defiende la historia a raja tabla y sale airoso entre una maraña de repeticiones y lugares comunes que repletan las plataformas digitales.

El elenco es otro acierto: Kiti Manver (Mujeres al Borde de un Ataque de Nervios) interpreta a la atribulada abuela, con un arco dramático excepcional, a lo Walter White en Breaking Bad, sale de cocinar para sus nietas a matar a sangre fría en busca de la verdad; su hijo encarnado por Hovik Keuchkerian, también sufre una interesante metamorfosis, al pasar de un pusilánime dueño de restaurant a ser el eje de la confrontación; Álvaro Morte (el recordado Profesor de La Casa de Papel) cumple con su papel de mafiosito de pueblo, incluso modificando su voz y aplicando acento andaluz a su gran performance. No suelo regalar tantas flores a una producción, pero a mis 50 años ya no soy tan exigente con la parafernalia técnica, mido más las cosas por cuánto me divierto, y viendo esta miniserie, el tiempo se me hizo suspiro, lo que me permitió sepultar al aburrimiento por partida doble.

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